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Episodio 9

Hola, bienvenidos a un episodio más de nuestro podcast. Recuerden que las transcripciones y el material complementario lo pueden encontrar en nuestra página web. Hoy vengo a contarles una historia. Creo que ha sido el momento que ha tenido más impacto en mi vida, cuando tenía 12 años.

Hubo una maratón dividida por categorías: 12 a 14 años, de 15 a 17 y 18. Eran 3 categorías y yo estaba en la categoría con las niñas de 12 años; era muy joven en aquella época. ¿De qué se trataba esta maratón? Realmente no era una maratón porque solo era de 11 km. La ruta estaba llena de tierra, y fue en verano, así que hacía bastante calor. Bueno, digo bastante porque 30°C en esa época para mí era mucho calor. Ahora que vivo en Brasil y a veces llegamos a 44°C, 30°C ya no me parece tanto calor.

Recuerdo que antes de esta “maratón” entre comillas, hubo entrenamientos. Mi equipo se dividía según los barrios. En mi caso, era mi barrio, y la presidenta de mi barrio nos juntaba a todos a las 5:00 a. m. En esa época, 5 de la mañana era muy temprano. Ahora, como madre y estudiante de Medicina, cuando estaba en la Universidad, las 5 de la mañana eran el horario perfecto para todo. Nos levantaba a las 5:00 a. m. para salir a correr, y yo odiaba correr. No disfrutaba nada, me moría de sueño; era terrible, lo odiaba con todo mi ser.

Pero mi madre era fondista de joven, ¿qué quiere decir ella? Corría distancias largas. Cuando ella supo de la maratón, se emocionó bastante. Recuerdo que en una oportunidad me dijo: “Bueno, voy a ir a practicar contigo, hacer la ruta contigo”. Y yo ni siquiera llegué a la tercera parte y ya estaba vomitando en la calle. Literalmente tuve que tomarme un taxi para volver a casa porque no podía más. Nadie tenía mucha fe de que terminara la carrera. Correr no era lo mío, y menos en 30°C; era demasiado.

Llegó el día de la carrera y tenía un dolor de barriga terrible. Probablemente, mi dolor de barriga era por el estrés de saber que tenía que correrla. Una de las personas que estaba organizando era enfermera, y recuerdo que me dijo: “A ver, déjame ver tu pulso, a ver si realmente tienes dolor en tu cuerpo”. Y me dijo: “Sí, tu pulso está acelerado, entonces probablemente sí tienes dolor”. Yo no estaba mintiendo, realmente tenía mucho dolor de barriga.

Pero mis padres nunca en su vida me han dejado renunciar a algo, aunque sea muy difícil. Siempre me han alentado a terminar mis objetivos, aunque este no era el objetivo, era una cosa que tenía que hacer, en fin. Mi madre me dijo: “Bueno, correré contigo”. ¿Y cómo fue? No puedo describir cómo me sentía antes de la carrera. Quería desaparecer, simplemente no quería hacerla. Pero como una chica obediente, tuve que empezarla.

Mi madre me dijo: “Todos van a salir corriendo como caballos, pero tú anda conmigo, vamos a empezar muy despacio”. La carrera comenzó, literalmente, todo el mundo salió disparado, y yo me quedé al final con mi mamá y ya empecé a correr despacio, muy despacio. No tenían fe ni esperanza de lograr nada ni de terminar la carrera, pero bueno. Después de unos 2 km, muchos que empezaron corriendo como caballos estaban tirados en la pista, y eso me empezó a dar más fe de que había pasado a alguien porque yo estaba al final.

Llegamos a un punto, una esquina que tenía que voltear a la derecha para continuar la ruta, y ahí estaba mi hermana con su auto ofreciéndonos agua. Me sentí tan, no sé si ella es consciente de qué apoyo moral me dio verla en ese momento porque yo estaba muriendo. Empezó el segundo tramo, y ya no sentía mis piernas. Sé que 11 o 12 km ahora no es nada, pero para mí era demasiado. Empezó el segundo tramo de la carrera, y recuerdo haberle dicho a mi mamá muchas veces: “No siento más mis piernas”. Y ella me decía una y otra vez: “Tus piernas van a responder, el dolor está en tu mente”.

Bueno, yo seguía corriendo hasta llegar a un punto que ya estaba, probablemente, a 2 km del final. Y me acuerdo que la persona que estaba en ese punto me dijo: “Eres la primera en tu categoría”. Yo dije: “¿Qué? Imposible, ¿existe la posibilidad de que gane esta carrera?” No lo podía creer. No había pensado ni siquiera en la posibilidad de terminar la carrera. Pero bueno, seguía corriendo, y ya al final no podía más. No sentía mis piernas, solamente las movía por inercia, pero no sentía nada. Pero recuerdo que mi madre, una y otra vez, me decía: “Vamos, tú puedes, está en tu mente. Vamos, tú puedes, está en tu mente”.

Terminé la carrera. ¿Cómo? No lo sé. Gané el segundo puesto en mi categoría. O el primero, creo que fue el segundo, pero fue por nada. La chica estaba muy cerca de mí. Fue el segundo. Recuerdo que las personas no podían creer que yo había terminado la carrera. Fue la sorpresa. Me entrevistaron los organizadores para preguntarme si en algún momento de la carrera había subido a un auto. Yo les dije que no, y realmente llamaron a todas las personas que estaban dentro de la ruta para verificar si yo había pasado por cada punto de chequeo. Sí, yo jamás hubiera subido a un auto. Yo hubiera dicho que no fue así. Entonces me dieron la medalla.

Esa experiencia cambió mi vida. Después de esa maratón, en muchos otros momentos en los que sentía que no podía más. Uno de esos momentos fue cuando estudiaba inglés. Realmente no era lo mío, sufrí muchísimo para pasar todos los exámenes y terminar mis 5 años de inglés. Recordaba que todo estaba en mi mente, que podía llegar y terminé. Luego vino el reto de la Universidad; medicina era intenso. A veces, sentía que no podía más y venía otra vez a mi mente eso de que está en tu mente, y así fue hasta el día de hoy.

Quiero que reflexionen en su vida. ¿Qué experiencia ha marcado su vida? ¿Ha habido alguna experiencia que haya marcado su vida? Espero que les haya gustado esta historia que me ha dejado una gran sonrisa recordarla. Y nos vemos pronto en otro episodio. Chau chau.

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